No me considero defensor de los toros, para nada, no he ido a ninguna corrida en mi vida (sí a algunas vaquillas y novilladas) y estuve en San Fermín, aunque no vi ni un toro. De hecho me considero más cercano a las posturas anti que a las pro. Pero debo confesar que no me gusta la prohibición que se ha hecho en Cataluña. No me gusta por que creo, que al final, no es una medida inteligente para los propósitos anti-taurinos.
Resumiendo brevemente y sin querer entrar en temas políticos (que creo que aquí son esenciales) me centro en el tema Toros sí - Toros no.
"La fiesta nacional" estaba muriendo poco a poco, cada vez menos plazas, cada vez menos espectáculos, cada vez menos toreros, cada vez la media de edad más alta entre el público (más o menos como en las parroquias). Pero ahora, sólo la presencia de un enemigo común (los anti-taurinos), les da un motivo más para que perdure su fiesta. Mientras que antes no era importante que los jóvenes pasaran completamente de los toros, ahora los que defienden la fiesta van a intentar inculcar este amor a la fiesta a sus generaciones futuras de cualquier forma, haciendo de esto un asunto de identidad personal.
En la fiesta de los toros justo cuando sale el toro viene el primer "tercio", la faena del capote, donde el torero da unos pases más largos con la muleta, que suele ser de color rosa por fuera y amarillo por dentro, luego viene el segundo "tercio", el picador, que es cuando el hombre a caballo con una "pica" pincha al toro para "espolearlo" y hacer que el tercer "tercio" sea más espectacular. Sí, sé que es bestia y no me gusta, pero creo que es un buen símil para definir lo que ha pasado, sólo que en este caso los taurinos ejercen de toro y los antitaurinos de picadores.
Así los ecologistas y defensores a ultranza de los derechos animales han "picado" a los taurinos, haciéndoles daño, sí, pero también dándoles más motivos y fuerza para seguir batallando en la defensa de su fiesta y haciendo cada vez más fuerza.
Creía que los toros sería una fiesta residual dentro de unos 50 años, pero después de esta medida prohibitiva ahora creo que no lo será en menos de un siglo.
miércoles, 18 de agosto de 2010
lunes, 16 de agosto de 2010
Sobre bodas y casa-mientos
Reflexionando recientemente con unos amigos en la celebración de una boda a la que todos asistimos, me surgió la idea de escribir este post sobre las "modernidades" que la gente defiende en las bodas.
Me refiero concretamente a aquellos que viviendo en pareja y teniendo un compromiso más que seguro entre ambos reniegan de la boda y de la celebración de esta fiesta en cualquiera que sea su forma.
Primero que todo, reniegan dejando en un lugar más que sospechoso a aquellos que ya se han casado, con la típica frase "eso lo hacen para recaudar". Es decir, intentan buscar un aspecto claramente negativo que refuerce su punto de vista. No dudo que existen parejas que invitan a la boda con afán recaudatorio, pero no es lógico generalizar, y menos apoyarse en este argumento como motivo por el que no te casas.
Otro es el tema religioso, que en muchos casos está superado, es lo más lógico hoy en día casarse sin hacer celebración religiosa, cosa que se agradece ...
Y un último argumento en contra es que las parejas no se sienten "libres" al casarse, esta me parece una soberana contradicción. Hoy en día deberían saber todas esas parejas que se jactan de ser modernos y que reniegan de las bodas que el divorcio es una opción como otra cualquiera y que dicha modernidad a la que se aferran se retuerce cuando afirman que el matrimonio es algo hasta la muerte sí o sí, es decir, al final basan su postura en un concepto muy antiguo y carcomido.
Obviamente no te casas pensando en el divorcio (sino vas mal) pero sí es verdad que es una contradicción en toda regla intentar "ser moderno" renegando de las bodas y apoyarse en una concepto de boda arcaico.
Defiendo las bodas así porque las entiendo como una celebración necesaria de una pareja con su entorno. No por ello defiendo las bodas tradicionales, defiendo la celebración donde se comparte con tus amigos y familia la alegría de vivir con la persona a la que amas. Ahora bien, cómo definas tu "entorno" (500 o 50 personas) como celebres la fiesta (en un salón o en el campo) y por qué rito lo hagas es tu decisión y yo como amigo o familiar tuyo estaré allí para brindar por ti.
Me refiero concretamente a aquellos que viviendo en pareja y teniendo un compromiso más que seguro entre ambos reniegan de la boda y de la celebración de esta fiesta en cualquiera que sea su forma.
Primero que todo, reniegan dejando en un lugar más que sospechoso a aquellos que ya se han casado, con la típica frase "eso lo hacen para recaudar". Es decir, intentan buscar un aspecto claramente negativo que refuerce su punto de vista. No dudo que existen parejas que invitan a la boda con afán recaudatorio, pero no es lógico generalizar, y menos apoyarse en este argumento como motivo por el que no te casas.
Otro es el tema religioso, que en muchos casos está superado, es lo más lógico hoy en día casarse sin hacer celebración religiosa, cosa que se agradece ...
Y un último argumento en contra es que las parejas no se sienten "libres" al casarse, esta me parece una soberana contradicción. Hoy en día deberían saber todas esas parejas que se jactan de ser modernos y que reniegan de las bodas que el divorcio es una opción como otra cualquiera y que dicha modernidad a la que se aferran se retuerce cuando afirman que el matrimonio es algo hasta la muerte sí o sí, es decir, al final basan su postura en un concepto muy antiguo y carcomido.
Obviamente no te casas pensando en el divorcio (sino vas mal) pero sí es verdad que es una contradicción en toda regla intentar "ser moderno" renegando de las bodas y apoyarse en una concepto de boda arcaico.
Defiendo las bodas así porque las entiendo como una celebración necesaria de una pareja con su entorno. No por ello defiendo las bodas tradicionales, defiendo la celebración donde se comparte con tus amigos y familia la alegría de vivir con la persona a la que amas. Ahora bien, cómo definas tu "entorno" (500 o 50 personas) como celebres la fiesta (en un salón o en el campo) y por qué rito lo hagas es tu decisión y yo como amigo o familiar tuyo estaré allí para brindar por ti.
viernes, 2 de julio de 2010
"Dios no existe (y lo sabes)" (Traducción de un texto de Sam Harris)
En algún lugar del mundo un hombre ha secuestrado a una niña. Pronto será la violación, la tortura y el asesinato. Si una atrocidad de este tipo no se está produciendo precisamente en este momento, pasará en pocas horas o días como máximo. Esta dura afirmación se basa en la confianza que podemos tener de las leyes estadísticas que gobiernan la vida de seis millones de seres humanos. Las mismas estadísticas también sugieren que los padres de esta chica creen - en este mismo momento - que un todo poderoso y amoroso Dios está velando por ellos y su familia. ¿Tienen razón para creer esto? ¿Es bueno que creen esto?
No.
La totalidad del ateísmo está incluida en esta respuesta. El ateísmo no es una filosofía, ni siquiera es una visión del mundo, es simplemente un rechazo a negar la evidencia. Por desgracia, vivimos en un mundo en el que lo obvio se pasa por alto como cuestión de principio. Lo obvio debe ser observado y volver a observar y defendido. Este es un trabajo ingrato. Lleva consigo una aureola de petulancia e insensibilidad. Es, además, un trabajo que el ateo no quiere.
Vale la pena señalar que nadie necesita identificarse como un no-astrólogo o un no-alquimista. Es decir, si no tenemos palabras para las personas que niegan la validez de estas pseudo-disciplinas, "el ateísmo" es un término que ni siquiera debería existir. El ateísmo no es más que el ruido que la gente razonable hace en presencia del dogma religioso. El ateo es simplemente una persona que cree que los 260 millones de estadounidenses (ochenta y siete por ciento de la población) que dicen "nunca dudar de la existencia de Dios" debe estar obligado a presentar pruebas de su existencia - y, de hecho, por su benevolencia, dada la destrucción implacable de seres humanos inocentes somos testigos en el mundo cada día.
Sólo el ateo aprecia hasta qué punto nuestra situación es extraña: la mayoría de nosotros creemos en un Dios que es tan engañoso como los dioses del Monte Olimpo, ninguna persona, cualquiera que sea su título, puede buscar un cargo público en Estados Unidos sin pretender tener la certeza de que ese Dios existe, y gran parte de lo que pasa por la política pública en EE.UU. se ajuste a los tabúes religiosos y supersticiones propias de un teocracia medieval. Nuestra circunstancia es abyecta, indefendible y aterradora. Sería histriónico si no hubiera tanto en juego.
Considere lo siguiente: la ciudad de Nueva Orleáns fue destruida recientemente por el huracán Katrina. Por lo menos mil personas murieron, decenas de miles perdieron todas sus posesiones terrenales, y más de un millón han sido desplazadas. Seguro que casi todas las personas que viven en Nueva Orleans en el momento del golpe de Katrina creía en un Dios omnipotente, omnisciente y misericordioso Dios. Pero, ¿qué estaba haciendo Dios mientras un huracán arrasó su ciudad? Seguramente oyó las oraciones de aquellos hombres y mujeres ancianos que huyeron de la crecida de las aguas para la seguridad de sus áticos, sólo para que poco a poco se ahogaran allí. Eran personas de fe. Eran hombres y mujeres buenos que habían rezado durante toda su vida. Sólo el ateo tiene el coraje de admitir lo obvio: esta pobre gente gasta su vida en compañía de un amigo imaginario.
Por supuesto, hubo reiterados avisos de que una "tormenta de proporciones bíblicas" golpearía Nueva Orleans, y la respuesta humana al desastre posterior fue trágicamente inepta. Pero fue inepta sólo a la luz de la ciencia. Las predicciones de la trayectoria de Katrina fue extraídos de la naturaleza gracias a los cálculos meteorológicos e imágenes satelitales. Dios no avisó a nadie de sus planes. Si los residentes de Nueva Orleans se hubieran contentado con confiar en la bondad del Señor, no habrían sabido que un huracán asesino estaba acercándose a ellos hasta que sintieran las primeras ráfagas de viento en sus caras. Y, sin embargo, una encuesta realizada por The Washington Post encontró que el ochenta por ciento de los sobrevivientes de Katrina afirman que el caso sólo ha fortalecido su fe en Dios.
Al mismo tiempo que el huracán Katrina devoraba Nueva Orleans, casi mil peregrinos chiítas murieron aplastados en un puente en Irak. No cabe duda de que estos peregrinos creían poderosamente en el Dios del Corán. De hecho, sus vidas estaban organizadas en torno al hecho indiscutible de “Su existencia”: sus mujeres caminaban con sus velos delante de ellos y sus hombres se asesinan regularmente unos a otros debido a las interpretaciones diferentes de su palabra. Sería noticia si un superviviente de esta tragedia perdió la fe. Es más probable que los supervivientes se imaginen que se salvaron por la gracia de Dios.
Sólo el ateo reconoce el narcisismo ilimitado y auto-engaño de los "salvados". Sólo el ateo da cuenta de lo moralmente objetable que es que los supervivientes de una catástrofe se crean salvados por un Dios amoroso, mientras que ese mismo Dios ahogó bebés en sus cunas. Debido a que se niega a aceptar la realidad de un mundo de sufrimiento bajo una capa de fantasía empalagosa de la vida eterna, el ateo siente en los huesos cuán preciosa es la vida - y, de hecho, qué desgracia es que millones de seres humanos sufran las coarten radicalmente sus opciones de felicidad en este mundo sin ninguna razón fundamentada.
Por supuesto, las personas de fe repiten para sí mismos constantemente que Dios no es responsable del sufrimiento humano. Pero, ¿de qué otra manera podemos entender la afirmación de que Dios es omnisciente y omnipotente? No hay otra manera, y es hora de que los seres humanos razonables superen esto. Este es un viejo problema de la Teoria de Dios, por supuesto, y deberíamos considerarlo resuelto. Si Dios existe, o bien es que él no puede hacer nada para detener las calamidades más graves, o bien no le importa nada. Dios, por lo tanto, o es impotente o malo.
Los lectores más piadosos ahora ejecutan la siguiente pirueta: Dios no puede ser juzgado por las simples normas humanas de la moralidad. Pero, por supuesto, las normas humanas de moralidad son precisamente lo que usan los fieles para poner la bondad de Dios en lo más alto. Y cualquier Dios que se preocupe por algo tan trivial como el matrimonio gay, o por el nombre por el que se le menciona en la oración, no es tan inescrutable. Si Dios existe, simplemente el Dios de Abraham no es indigno de la inmensidad de la creación: es indigno del hombre.
Hay otra posibilidad, por supuesto, y es a la vez la más razonable y menos odiosa: el Dios bíblico es una ficción. Como Richard Dawkins ha comentado, todos somos ateos con respecto a Zeus y Thor. Sólo el ateo ha comprendido que el dios bíblico no es diferente. Por consiguiente, sólo el ateo es lo suficientemente compasivo como para aceptar la profundidad del sufrimiento del mundo por sí mismo.
Es terrible que todos muramos y perdamos todo lo que amamos, es doblemente terrible que tantos seres humanos sufran innecesariamente mientras viven. Que gran parte de este sufrimiento puede ser directamente atribuida a la religión - a los odios religiosos, a las guerras religiosas, a los delirios religiosos, a las desviaciones de recursos escasos - es lo que hace el ateísmo una necesidad moral e intelectual. Es una necesidad, sin embargo, que sitúa al ateo en los márgenes de la sociedad. El ateo, simplemente estando en contacto con la realidad, aparece vergonzosamente fuera de contacto con la fantasiosa vida de sus vecinos.
Este texto es una traducción personal de un extracto de un Manifiesto Ateo, que se publicó en www.truthdig.com (enlace)
No.
La totalidad del ateísmo está incluida en esta respuesta. El ateísmo no es una filosofía, ni siquiera es una visión del mundo, es simplemente un rechazo a negar la evidencia. Por desgracia, vivimos en un mundo en el que lo obvio se pasa por alto como cuestión de principio. Lo obvio debe ser observado y volver a observar y defendido. Este es un trabajo ingrato. Lleva consigo una aureola de petulancia e insensibilidad. Es, además, un trabajo que el ateo no quiere.
Vale la pena señalar que nadie necesita identificarse como un no-astrólogo o un no-alquimista. Es decir, si no tenemos palabras para las personas que niegan la validez de estas pseudo-disciplinas, "el ateísmo" es un término que ni siquiera debería existir. El ateísmo no es más que el ruido que la gente razonable hace en presencia del dogma religioso. El ateo es simplemente una persona que cree que los 260 millones de estadounidenses (ochenta y siete por ciento de la población) que dicen "nunca dudar de la existencia de Dios" debe estar obligado a presentar pruebas de su existencia - y, de hecho, por su benevolencia, dada la destrucción implacable de seres humanos inocentes somos testigos en el mundo cada día.
Sólo el ateo aprecia hasta qué punto nuestra situación es extraña: la mayoría de nosotros creemos en un Dios que es tan engañoso como los dioses del Monte Olimpo, ninguna persona, cualquiera que sea su título, puede buscar un cargo público en Estados Unidos sin pretender tener la certeza de que ese Dios existe, y gran parte de lo que pasa por la política pública en EE.UU. se ajuste a los tabúes religiosos y supersticiones propias de un teocracia medieval. Nuestra circunstancia es abyecta, indefendible y aterradora. Sería histriónico si no hubiera tanto en juego.
Considere lo siguiente: la ciudad de Nueva Orleáns fue destruida recientemente por el huracán Katrina. Por lo menos mil personas murieron, decenas de miles perdieron todas sus posesiones terrenales, y más de un millón han sido desplazadas. Seguro que casi todas las personas que viven en Nueva Orleans en el momento del golpe de Katrina creía en un Dios omnipotente, omnisciente y misericordioso Dios. Pero, ¿qué estaba haciendo Dios mientras un huracán arrasó su ciudad? Seguramente oyó las oraciones de aquellos hombres y mujeres ancianos que huyeron de la crecida de las aguas para la seguridad de sus áticos, sólo para que poco a poco se ahogaran allí. Eran personas de fe. Eran hombres y mujeres buenos que habían rezado durante toda su vida. Sólo el ateo tiene el coraje de admitir lo obvio: esta pobre gente gasta su vida en compañía de un amigo imaginario.
Por supuesto, hubo reiterados avisos de que una "tormenta de proporciones bíblicas" golpearía Nueva Orleans, y la respuesta humana al desastre posterior fue trágicamente inepta. Pero fue inepta sólo a la luz de la ciencia. Las predicciones de la trayectoria de Katrina fue extraídos de la naturaleza gracias a los cálculos meteorológicos e imágenes satelitales. Dios no avisó a nadie de sus planes. Si los residentes de Nueva Orleans se hubieran contentado con confiar en la bondad del Señor, no habrían sabido que un huracán asesino estaba acercándose a ellos hasta que sintieran las primeras ráfagas de viento en sus caras. Y, sin embargo, una encuesta realizada por The Washington Post encontró que el ochenta por ciento de los sobrevivientes de Katrina afirman que el caso sólo ha fortalecido su fe en Dios.
Al mismo tiempo que el huracán Katrina devoraba Nueva Orleans, casi mil peregrinos chiítas murieron aplastados en un puente en Irak. No cabe duda de que estos peregrinos creían poderosamente en el Dios del Corán. De hecho, sus vidas estaban organizadas en torno al hecho indiscutible de “Su existencia”: sus mujeres caminaban con sus velos delante de ellos y sus hombres se asesinan regularmente unos a otros debido a las interpretaciones diferentes de su palabra. Sería noticia si un superviviente de esta tragedia perdió la fe. Es más probable que los supervivientes se imaginen que se salvaron por la gracia de Dios.
Sólo el ateo reconoce el narcisismo ilimitado y auto-engaño de los "salvados". Sólo el ateo da cuenta de lo moralmente objetable que es que los supervivientes de una catástrofe se crean salvados por un Dios amoroso, mientras que ese mismo Dios ahogó bebés en sus cunas. Debido a que se niega a aceptar la realidad de un mundo de sufrimiento bajo una capa de fantasía empalagosa de la vida eterna, el ateo siente en los huesos cuán preciosa es la vida - y, de hecho, qué desgracia es que millones de seres humanos sufran las coarten radicalmente sus opciones de felicidad en este mundo sin ninguna razón fundamentada.
Por supuesto, las personas de fe repiten para sí mismos constantemente que Dios no es responsable del sufrimiento humano. Pero, ¿de qué otra manera podemos entender la afirmación de que Dios es omnisciente y omnipotente? No hay otra manera, y es hora de que los seres humanos razonables superen esto. Este es un viejo problema de la Teoria de Dios, por supuesto, y deberíamos considerarlo resuelto. Si Dios existe, o bien es que él no puede hacer nada para detener las calamidades más graves, o bien no le importa nada. Dios, por lo tanto, o es impotente o malo.
Los lectores más piadosos ahora ejecutan la siguiente pirueta: Dios no puede ser juzgado por las simples normas humanas de la moralidad. Pero, por supuesto, las normas humanas de moralidad son precisamente lo que usan los fieles para poner la bondad de Dios en lo más alto. Y cualquier Dios que se preocupe por algo tan trivial como el matrimonio gay, o por el nombre por el que se le menciona en la oración, no es tan inescrutable. Si Dios existe, simplemente el Dios de Abraham no es indigno de la inmensidad de la creación: es indigno del hombre.
Hay otra posibilidad, por supuesto, y es a la vez la más razonable y menos odiosa: el Dios bíblico es una ficción. Como Richard Dawkins ha comentado, todos somos ateos con respecto a Zeus y Thor. Sólo el ateo ha comprendido que el dios bíblico no es diferente. Por consiguiente, sólo el ateo es lo suficientemente compasivo como para aceptar la profundidad del sufrimiento del mundo por sí mismo.
Es terrible que todos muramos y perdamos todo lo que amamos, es doblemente terrible que tantos seres humanos sufran innecesariamente mientras viven. Que gran parte de este sufrimiento puede ser directamente atribuida a la religión - a los odios religiosos, a las guerras religiosas, a los delirios religiosos, a las desviaciones de recursos escasos - es lo que hace el ateísmo una necesidad moral e intelectual. Es una necesidad, sin embargo, que sitúa al ateo en los márgenes de la sociedad. El ateo, simplemente estando en contacto con la realidad, aparece vergonzosamente fuera de contacto con la fantasiosa vida de sus vecinos.
Este texto es una traducción personal de un extracto de un Manifiesto Ateo, que se publicó en www.truthdig.com (enlace)
domingo, 13 de junio de 2010
Tierra sonámbula
Hace 11 meses introduje una entrada sobre la "Sabedoría Tizangara". Ahora, con Tierra Sonámbula, de Mia Couto (ed. Caminho, de nuevo), Volvemos a Mozambique y donde se tratas dos historias paralelas de personajes sin tierra en su tierra madre, África.
La magia, las creencias populares, la sabiduría de los viejos, el miedo, la locura, la violencia, el sexo, el amor, la amistad y sobre todo la soledad acompaña a los protagonistas.
Me parece un libro donde se reflejan hechos de manera muy distinta a la que "los occidentales europeos" podemos entenderla, sólo algun tiempo después asimilando poco a poco podremos comprender esta obra tan completa.
Como muestra de este libro algunos de sus personajes: Hombres que crean ríos, hermanas gemelas que traen la desgracia y llevan consigo la soledad, grupos de viejas que violan a los jóvenes vírgenes, vijos ermitaños que quieren sembrar su pueblo con hombres jóvenes...
Pongo aqui algunas perlas de la sabiduría extraída del libro:
La magia, las creencias populares, la sabiduría de los viejos, el miedo, la locura, la violencia, el sexo, el amor, la amistad y sobre todo la soledad acompaña a los protagonistas.
Me parece un libro donde se reflejan hechos de manera muy distinta a la que "los occidentales europeos" podemos entenderla, sólo algun tiempo después asimilando poco a poco podremos comprender esta obra tan completa.
Como muestra de este libro algunos de sus personajes: Hombres que crean ríos, hermanas gemelas que traen la desgracia y llevan consigo la soledad, grupos de viejas que violan a los jóvenes vírgenes, vijos ermitaños que quieren sembrar su pueblo con hombres jóvenes...
Pongo aqui algunas perlas de la sabiduría extraída del libro:
"Não esquequeças, patrão. A riqueza é como o sal só serve para temperar"
No te olvides jefe. La riqueza es como la sal sólo sirve para aderezar
"Nenhum rio separa, antes costura os destinos dos viventes"
Ningún río separa, más bien cose el destino de los
"A gente vai chegando à morte como un rio desencorpa no mar: una parte esta nascendo e, simultânea, a outra já se assombrea no sem -fim"
La genge va llegando a la muerte como un ría desemboca en el mar, una parte nace y a la vez otra ya se asoma al infinito
"Não confies em homem que não sabe mentir"
No confíes en un hombre que no sabe mentir
"A beleza de aquela mulher era de fazer fugir o nome das coisas"
La belleza de aquella mujer te hacía olvidar el nombre de las cosas"
No te olvides jefe. La riqueza es como la sal sólo sirve para aderezar
"Nenhum rio separa, antes costura os destinos dos viventes"
Ningún río separa, más bien cose el destino de los
"A gente vai chegando à morte como un rio desencorpa no mar: una parte esta nascendo e, simultânea, a outra já se assombrea no sem -fim"
La genge va llegando a la muerte como un ría desemboca en el mar, una parte nace y a la vez otra ya se asoma al infinito
"Não confies em homem que não sabe mentir"
No confíes en un hombre que no sabe mentir
"A beleza de aquela mulher era de fazer fugir o nome das coisas"
La belleza de aquella mujer te hacía olvidar el nombre de las cosas"
martes, 11 de mayo de 2010
La Religión como paraguas
Las carreteras y los viajes en solitario dan que pensar. Si además uno está acompañado por buena música y con la mente activa por las recientes lecturas (la vida eterna, de Savater, que ya han influido post recientes) parece que las ideas fluyen.
Se me ocurrió pensar en la metáfora de la religión como un paraguas.
En muchos casos te protege frente a las agresiones de la vida, te acoge y minimiza el impacto de la vida, que muchas veces no es nada agradable.
De igual manera te protege la cabeza, pero normalmente no cubre todo, los pies se te suelen mojar, y el brazo que lo sujeta y la espalda también suelen acabar mojados. No cubre frente a los charcos, no protege de la lluvia con viento y si usas alguno "barato" date por vendido...
Estas son las ventajas, limitadas pero ventajas, te sueles mojar menos. ¿Pero y los inconvenientes?
Llevar el paraguas es cargar con cosas encima que normalmente estorban en la vida normal, que justo después de usarlo, es todavía más incómodo porque te moja cuando ya no llueve, que ensucia cuando llegas a casa, que no nos deja apreciar la belleza de los primeros rayos de sol que forman el arcoiris tras la tormenta o de los mismos rayos de la tormenta, que nos nos deja apreciar que somos vulnerables a la naturaleza.
¿No es mejor afrontar la lluvia (de la vida) que usar una defensa tan incompleta y con tantos inconvenientes?, o ¿porque no, pararse en un portal (de la vida) y reflexionar sobre las tormentas que nos acechan?
Se me ocurrió pensar en la metáfora de la religión como un paraguas.
En muchos casos te protege frente a las agresiones de la vida, te acoge y minimiza el impacto de la vida, que muchas veces no es nada agradable.
De igual manera te protege la cabeza, pero normalmente no cubre todo, los pies se te suelen mojar, y el brazo que lo sujeta y la espalda también suelen acabar mojados. No cubre frente a los charcos, no protege de la lluvia con viento y si usas alguno "barato" date por vendido...
Estas son las ventajas, limitadas pero ventajas, te sueles mojar menos. ¿Pero y los inconvenientes?
Llevar el paraguas es cargar con cosas encima que normalmente estorban en la vida normal, que justo después de usarlo, es todavía más incómodo porque te moja cuando ya no llueve, que ensucia cuando llegas a casa, que no nos deja apreciar la belleza de los primeros rayos de sol que forman el arcoiris tras la tormenta o de los mismos rayos de la tormenta, que nos nos deja apreciar que somos vulnerables a la naturaleza.
¿No es mejor afrontar la lluvia (de la vida) que usar una defensa tan incompleta y con tantos inconvenientes?, o ¿porque no, pararse en un portal (de la vida) y reflexionar sobre las tormentas que nos acechan?
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